domingo, 9 de abril de 2017

Los chanchos.

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En la inmediatez
otoñal regresa la vibra
con los mosquitos
en la casa del Fede,
la gata con hijos desparramados
quiebra la calma,
el nenito que los corre
ya no se me parece
en nada
más que en la forma
de gritar groserías
y de dormir con la mano abajo de la almohada.

Al lado del puente compramos pescados
porque una vez asamos chancho
y se cayeron las bibliotecas del Ariel,
ahora evitamos todo contacto físico,
nos limitamos al homenaje
enfriando diez cajones
de vez en cuando.

Una palta cayendo del árbol
a 9,8 metros por segundo
puede matarte si te pega en la cabeza,
o puede ser la mejor entrada
cuando la pisan y la mezclan
con cebolla tomate y limón.

Una moto yace
al lado del terraplen,
la Agu en la hamaca,
uno de los gatos
de varios nombres
corre con agujero en el cuello
adueñándose,
la noche se me cae encima
cuando me duermo en el asiento trasero
de un fiat uno
sosteniendo la cabeza del Fausto.


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